jueves, 24 de septiembre de 2009

II - Parejas (parte 1)

La casa de Alicia estaba vacía, ya que sus padres trabajaban hasta tarde, por lo tanto, ella tenía que hacerse la comida, la cena la hacía alguno de sus padres cuando llegaban, pero dependía de quién terminase antes el trabajo. Aunque en ocasiones sí que tenía que hacerse ella la cena porque no llegaba ninguno. El punto positivo es que podía salir sin que le dijera nada y que al estar sola en casa, nadie podría molestarlos.

Llegaron y Alicia cerró la puerta de golpe. Se giró a Leo, los dos lanzaron sus mochilas al suelo y él se lanzó sobre ella, besándola apasionadamente, agarrándola de la cintura y del cuello, ella con sus brazos tras su cuello. Separaron sus bocas y se miraron apasionadamente. Leo bajó su cabeza y beso su cuello, haciéndola agarrar al chico por su cabeza y cerrando los ojos en señal de placer.

-Delicioso.-comentó Leo al separarse. Alicia esbozó una pequeña sonrisa y se sonrojó intensamente.

Hacía ya un año y medio, cuando Leo tenía quince años y ella dieciséis que ambos perdieron una de sus posesiones más valiosas: la virginidad. Fue algo mágico para los dos, un momento de unión extrema y de eterno placer. Desde entonces, su relación se intensificó, y parecía que durarían para siempre. Leo había esperado bastante tiempo para estar preparado, pero sobre todo la había esperado a ella, que era todavía más importante.

Ahora cambiaron de persona y Alicia fue la que besó el cuello ahora. Leo lo disfrutaba enormemente, y le susurró al oído que le mordiese, y así fue. A Leo le gustaba bastante que le mordiesen el cuello, y a Alicia también, solo que le causaba más placer que a él.


Desde fuera del edificio, al pie del mismo, dos personas observaban a través de la abierta ventana del primer piso, la casa de Alicia. Uno de ellos era un chico de piel pálida, cabello negro ondulado y gafas de sol, el otro era una chica rubia también con gafas de sol.

-¿Seguro que ellos merecen la pena?-dijo la chica.

-Claro que sí.-respondió él.-¿Por quién me tomas? Ya llevo un tiempo observándolos, desde el primer momento que sentí su fuerte olor, me acerqué a observar y noté que el chico se había golpeado con algo y le sangraba el antebrazo, más tarde, cuando le observaba, una chica que iba con él cayó al suelo volviendo a casa y se rasgó la rodilla Te lo digo en serio, su sangre es mucho mejor que la de cualquier humano normal... pero, ¿cómo es que tienen la misma? Es muy extraño.

-Quizás sean hermanos, ¿no crees?

-Sí... tal vez...

-¿Entonces que pretendes?

-Que esa sangre sea nuestra antes de que cualquier otro nos la quite.

-¿Pero cuantos más de los nuestros hay aquí?

Se volvió hacia la chica, sin dar respuesta alguna, la agarró por la espalda con una mano y la acercó a él, después los dos se besaron con pasión. Al separarse ella suspiró sonrojada.

-Ay, Nicolás...

-¿Ocurre algo?

-Solo te pido gracias.

Nicolás, un misterioso chico que disfrutaba enorme-mente con la sangre, que portaba gafas de sol, que siempre se ocultaba en las sombras, él, que mató a miles de muchachas sin compasión, deleitándose con su cuerpo y su sangre, y que ahora tenía a dos chicos en su punto de mira. Y la chica que lo acompañaba...

-Luna.-dijo Nicolás, ella se giró para mirarlo.

-¿Sí?

-Te prometo que serán nuestros, que los compartire-mos, y que...

–...¿''Viviremos felices y comeremos perdices''?-terminó ella burlona.

-No.-dijo en seco, manteniendo la postura seria.-Viviremos saciados, no moriremos, para siempre, bajo el manto lunar, tú y yo.-miró fijamente a Luna a los ojos.-Ich liebe dich, Blutengel...

-Für dich und mich, mein Blutsauger...

Y tras compartir estas palabras en alemán, mirándose fijamente a los ojos con pasión, se besaron, bajo la sombra del edificio, refugiados del Sol, un poderoso asesino que les perseguía allí donde iban, y que solo podían dar esquinazo refugiándose tras las sombras y la Luna, reina nocturna.



-Leo, te amo.-dijo Alicia jadeando.

Habían cerrado las cortinas, puesto el aire acondiciado y algo de música Black Metal que había traído Leo para caldear el ambiente. Estaban en la habitación de ella, con velas como única forma de luz presente en la sala. También habían prendido unos inciensos de vainilla.

Estaban tumbados sobre la cama, Leo encima de Alicia, sin camiseta, besándola el cuello y el escote, y en ocasiones mordiendo, haciendo que ella se agarrara fuertemente a su cabeza. La besó en el lóbulo de la oreja, cambió de nuevo al cuello, después, cerca de la nuca, un punto muy excitante para muchas mujeres, y después al escote de nuevo. Ella tenía su mano en su nuca con los ojos cerrados mientras él se deleitaba besando su voluminoso y bien dotado cuerpo.

Alicia se desprendió de su camiseta negra y la tiró a un rincón de la habitación, llevaba un sujetador negro, remarcado por sus pechos, que se habían desarrollado antes que los de casi todas las chicas de su clase hace unos años. Después Leo se aproximó a ella y le desató el sujetador, que también tiró al otro extremo de la habitación. Volvió a tumbarla y paso su mano por sus senos ahora también. Los acarició y los tocó mientras besaba y mordía su cuello, después bajó la boca ahí e introdujo uno de los pezones en su boca, chupándolos y dándoles pequeños mordiscos de vez en cuando. Ella respiraba fuertemente, él simplemente estaba haciendo lo posible por darle el máximo placer.

El incienso daba aún más atmósfera a aquel cuarto oscuro con un ambiente tan perfecto que habían creado. El olor a vainilla era realmente afrodisíaco en aquel momento. Precisamente, esa fue la intención de los dos. Las velas no eran aromáticas, pero simplemente iluminaban la habitación de una erótica manera.

La pareja había experimentado muchas cosas desde la primera vez que tuvieron relaciones sexuales, pero hasta ahora Alicia nunca había sido sodomizada, y eso era algo que realmente le gustaría hacer a Leo en alguna ocasión, y ahora se sentía con ganas de hacelo, no iba a dejar pasar la ocasión.

-Alicia, déjame sodomizarte.-dijo Leo con lascivia, ella tenía los ojos cerrados.

-Adelante.-respondió, jadeando y aún sin abrir los ojos, su cara demostraba placer.

Leo se levantó y cogió un cinturón de uno de los armarios de ella, volvió a la cama, y se decidió a empezar. La cogió por los brazos y los puso junto a la parte trasera de la cama, cogió el cinturón y empezó a enrollar sus manos junto a la parte de atrás del somier de la cama. Cuando ya quedó atada, mostró un rostro de satisfacción y felicidad.

-Y ahora, al lío.-dijo sonriendo maliciosamente

Cogió a la chica por los pies y se acercó a ella, después desabrochó el botón del pantalón que llevaba, se lo bajó y lo tiró juntó a las demás prendas, acarició su sexo por encima de la ropa interior. La cara de ella se volvió tranquila y lasciva, disfrutaba con aquel tacto, y Leo también.

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