Nicolás y Luna se habían refugiado en un local abandonado a pocas manzanas del lugar donde se encontraban antes. Luna estaba sentada en una roca grande, y Nicolás estaba de pie sin mostrar ningún sentimiento ni expresión. Ambos se habían quitado ya las gafas, pues el lugar era oscuro, y estaban a salvo de la radiación solar hacia ellos.
-Lo único que detesto de esta forma-comenzó Luna.-es estar apartada del Sol, aprisionada en la Noche, aunque es muy bella y majestuosa, muy maligna y soberana, su única compañía es muy entristecedora.-había cierta melancolía en el tono de voz de la chica y en sus castaños ojos.
-Pero así es, y así seguirá hasta el final de los tiempos, o nuestro propio final.-respondió el otro sin expresar nada.
-Al menos la muerte ya no nos puede separar.
Hubo un silencio, Nicolás pensaba, su acompañante lo miraba aburrida. Su vida era aburrida. El mundo en sí le parecía aburrido a Luna, lo único que la salvaba era Nicolás, su querido ''Blutsauger''.
-Tengo hambre.-dijo, rompiendo el silencio.
-Cuando les tengamos, no necesitaremos comer en meses.
-Sí, pero Nicolás, yo tengo hambre ahora, y a saber lo que tardaremos en cazarles.
-En fin, está bien, si lo deseas, traenos algo de comer.
Luna sonrió, se levantó y se dirigió a un boquete que había en la pared, casi se olvidó de ponerse las gafas. Una vez hecho, salió al exterior, era un callejón oscuro, de modo que se refugió en una esquina y esperó. Vio alguien pasar por una calle paralela, un hombre joven, de unos veinticinco años. El hombre se detuvo, fue entonces cuando ella aprovecho para acercarse por las espalda, y agarrarle por el cuello. Él gritó, pero ella ya se lo había llevado al callejón. Nicolás y ella poseían una fuerza extraordinaria, aunque no se demostraba físicamente. Una vez en el callejón, le dio un puñetazo en la cara y el hombre se quedó inconsciente. Había forcejeado mucho.
Llevó al hombre dentro y lo tiró al suelo, a los pies de Nicolás, se quitó las gafas y le miró con gesto de superioridad, ella lo miró también.
-¿Qué te parece?
-No está mal... muy bien, Luna, comencemos.
Los dos se agacharon sobre el hombre inconsciente. Nicolás abrió la boca de par en par y se pudieron ver unos muy afilados incisivos y caninos. Él, a diferencia de los demás de su especie, tenía también los incisivos afilados y salientes, algo fuera de lo común, pero mucho mejor a la hora de morder gente y sacar cantidad. Luna hizo lo mismo, y se dejaron ver sus caninos afilados. Después, los dos se inclinaron sobre el inconsciente, y mordieron. Nicolás mordió la parte de la yugular, y Luna un poco más abajo, en el otro lado del cuello, de modo que así los dos podían morder y beber sin entorpecerse el uno al otro.
Al sentir el mordisco en la vena yugular, el hombre dio un pequeño espasmo, pero quedó quieto en un momento. La sangre salía a chorros del cuerpo de aquella persona, y los dos chicos bebían ansiosos, con sed, saciándola. Luna incluso cerró los ojos en señal de placer con aquel alimento que tanto le gustaba tanto a ella como a Nicolás.
Al terminar con el hombre, se alzaron,Nicolás dio una patada al cadáver con una mirada de repulsión, después miró a Luna, y los dos, con la boca llena de sangre, se volvieron a besar, compartiendo el alimento.
-¿Qué hacemos con el cadáver?-preguntó ella algo preocupada.
-No pasa nada querida, dejemos el cuerpo aquí mismo.-respondió.-Por mí, que se lo trague la tierra, me dan igual los humanos, son inútiles, solo sirven como alimento, son maldita escoria que malgastan energía en vano durante la vida...-hubo un silencio.-Luna, creo que es hora de irnos, pronto nos encontraremos con nuestros amigos, querida mía.-y rió por lo bajo.
-¿Pero que piensas hacer?
-De momento solo le visitaré a él... quisiera, ''hablar'', y traerle con nosotros para disfrutar.-y rió bajo de nuevo en un tono de maldad.
Dicho esto, le hizo una señal a Luna, se pusieron las gafas y salieron, refugiándose entre las sombras del callejón, evitando la Luz.
-Pero entonces, ¿qué vamos a hacer ahora?-preguntó Luna.
-Volvamos al edificio abandonado en el que estuve anoche.-respondió, saltó con un brinco de más de tres metros y se transformó en niebla, Luna, sin rechistar, se transformó también y le siguió. El Sol no les afectaba cuando estaban en forma de niebla, ya que, al fin y al cabo, es una materia gaseosa.
Él le había comentado a Luna que aquella noche iba a salir, que iba a deshacerse de una chica que le seguía, y le prometió traerle algo de su sangre, aunque al volver al lugar donde se refugiaban no le trajo sangre de la chica, si no de otra persona, ya que él la había drenado completamente.
Nicolás, aunque parecía una persona muy fría y seria en un principio, no lo era para nada. Él amaba a Luna, desde que la conoció, más bien... desde que la convirtió. Aunque a primera vista no lo demostraba, era una persona muy cariñosa y bondadosa cuando se trataba de amor, y siempre ponía mucha pasión en ello... la misma pasión que ponía cuando mataba o se alimentaba.
En cambio, ella, simplemente estaba feliz de estar a su lado, se sentía bien, protegida, querida, escuchada, pero aburrida del mundo...
-Lo único que detesto de esta forma-comenzó Luna.-es estar apartada del Sol, aprisionada en la Noche, aunque es muy bella y majestuosa, muy maligna y soberana, su única compañía es muy entristecedora.-había cierta melancolía en el tono de voz de la chica y en sus castaños ojos.
-Pero así es, y así seguirá hasta el final de los tiempos, o nuestro propio final.-respondió el otro sin expresar nada.
-Al menos la muerte ya no nos puede separar.
Hubo un silencio, Nicolás pensaba, su acompañante lo miraba aburrida. Su vida era aburrida. El mundo en sí le parecía aburrido a Luna, lo único que la salvaba era Nicolás, su querido ''Blutsauger''.
-Tengo hambre.-dijo, rompiendo el silencio.
-Cuando les tengamos, no necesitaremos comer en meses.
-Sí, pero Nicolás, yo tengo hambre ahora, y a saber lo que tardaremos en cazarles.
-En fin, está bien, si lo deseas, traenos algo de comer.
Luna sonrió, se levantó y se dirigió a un boquete que había en la pared, casi se olvidó de ponerse las gafas. Una vez hecho, salió al exterior, era un callejón oscuro, de modo que se refugió en una esquina y esperó. Vio alguien pasar por una calle paralela, un hombre joven, de unos veinticinco años. El hombre se detuvo, fue entonces cuando ella aprovecho para acercarse por las espalda, y agarrarle por el cuello. Él gritó, pero ella ya se lo había llevado al callejón. Nicolás y ella poseían una fuerza extraordinaria, aunque no se demostraba físicamente. Una vez en el callejón, le dio un puñetazo en la cara y el hombre se quedó inconsciente. Había forcejeado mucho.
Llevó al hombre dentro y lo tiró al suelo, a los pies de Nicolás, se quitó las gafas y le miró con gesto de superioridad, ella lo miró también.
-¿Qué te parece?
-No está mal... muy bien, Luna, comencemos.
Los dos se agacharon sobre el hombre inconsciente. Nicolás abrió la boca de par en par y se pudieron ver unos muy afilados incisivos y caninos. Él, a diferencia de los demás de su especie, tenía también los incisivos afilados y salientes, algo fuera de lo común, pero mucho mejor a la hora de morder gente y sacar cantidad. Luna hizo lo mismo, y se dejaron ver sus caninos afilados. Después, los dos se inclinaron sobre el inconsciente, y mordieron. Nicolás mordió la parte de la yugular, y Luna un poco más abajo, en el otro lado del cuello, de modo que así los dos podían morder y beber sin entorpecerse el uno al otro.
Al sentir el mordisco en la vena yugular, el hombre dio un pequeño espasmo, pero quedó quieto en un momento. La sangre salía a chorros del cuerpo de aquella persona, y los dos chicos bebían ansiosos, con sed, saciándola. Luna incluso cerró los ojos en señal de placer con aquel alimento que tanto le gustaba tanto a ella como a Nicolás.
Al terminar con el hombre, se alzaron,Nicolás dio una patada al cadáver con una mirada de repulsión, después miró a Luna, y los dos, con la boca llena de sangre, se volvieron a besar, compartiendo el alimento.
-¿Qué hacemos con el cadáver?-preguntó ella algo preocupada.
-No pasa nada querida, dejemos el cuerpo aquí mismo.-respondió.-Por mí, que se lo trague la tierra, me dan igual los humanos, son inútiles, solo sirven como alimento, son maldita escoria que malgastan energía en vano durante la vida...-hubo un silencio.-Luna, creo que es hora de irnos, pronto nos encontraremos con nuestros amigos, querida mía.-y rió por lo bajo.
-¿Pero que piensas hacer?
-De momento solo le visitaré a él... quisiera, ''hablar'', y traerle con nosotros para disfrutar.-y rió bajo de nuevo en un tono de maldad.
Dicho esto, le hizo una señal a Luna, se pusieron las gafas y salieron, refugiándose entre las sombras del callejón, evitando la Luz.
-Pero entonces, ¿qué vamos a hacer ahora?-preguntó Luna.
-Volvamos al edificio abandonado en el que estuve anoche.-respondió, saltó con un brinco de más de tres metros y se transformó en niebla, Luna, sin rechistar, se transformó también y le siguió. El Sol no les afectaba cuando estaban en forma de niebla, ya que, al fin y al cabo, es una materia gaseosa.
Él le había comentado a Luna que aquella noche iba a salir, que iba a deshacerse de una chica que le seguía, y le prometió traerle algo de su sangre, aunque al volver al lugar donde se refugiaban no le trajo sangre de la chica, si no de otra persona, ya que él la había drenado completamente.
Nicolás, aunque parecía una persona muy fría y seria en un principio, no lo era para nada. Él amaba a Luna, desde que la conoció, más bien... desde que la convirtió. Aunque a primera vista no lo demostraba, era una persona muy cariñosa y bondadosa cuando se trataba de amor, y siempre ponía mucha pasión en ello... la misma pasión que ponía cuando mataba o se alimentaba.
En cambio, ella, simplemente estaba feliz de estar a su lado, se sentía bien, protegida, querida, escuchada, pero aburrida del mundo...

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